Sin duda que he tenido que sobrellevar muchas cosas, después de todo. Pero creo que asumir y aceptar todo esto ha sido lo más difícil.
En el coma pasaron muchas cosas. Recuerdo todas y cada una con lujo de detalles pero mejor dejamos eso para un futuro libro, ¿qué dices?.
Mientras yo dormía profundamente y pasaban los días, mi diagnóstico se salía de cualquier plan humano. No se sabía qué podía pasar conmigo. Mi futuro era incierto. Todo era día a día.
Seguía vigente la etapa COVID, por lo que la incertidumbre era mayor, las restricciones no podían ser más estrictas y mi estado convivía con todo ese ambiente.
Mis padres y mi hermano, durante todo ese momento, fueron invadidos por el nerviosismo de mi situación, la preocupación de mi futuro, los cuestionamientos de un probable por qué, las plegarias desesperadas y los esfuerzos de estar, de algún modo, conmigo.
Ellos recibían noticias muy conservadoras de parte de los equipos médicos que estaban a cargo de mi caso. Por momentos, parecían esquivas. Un poco indolentes, actitudes poco empáticas. Aunque creo que, sinceramente, era esperable… todo era incierto. Nadie se atrevía más que a relatar mi evolución.
Mención muy especial para mi madre, mi padre y mi hermano. Me saco el sombrero. Una misma historia, tres visiones y vivencias diferentes, cada una muy auténtica y resiliente.
La noticia de mi estado llegó hasta lugares impensados. Mis cercanos en Chile hicieron campaña para reunirme fondos y las cadenas de oración se hicieron más habituales en donde había amigos, familia o conocidos.
Los días pasaban y la preocupación seguía siendo evidente.
Después de casi un mes y medio, desperté.
Dios estuvo conmigo, siempre.
…

Mi regreso fue de a poco y así también fue mi entendimiento de todo; aunque estuve muy desencajado con cada cosa que lograba percibir. A medias lograba conectar. Muy lento, incluso con cierto cuestionamiento, pero lo lograba. Creo que la poca energía que sentía era ocupada en ello.
Mi racionamiento volvió días después, paulatinamente. Lo mismo pasó con mi visión, aunque las personas a mi alrededor veían mis ojos abiertos.
Algunas cosas demoraron en regresar.
Otras no volvieron más.
Aquí hay una suma de situaciones que me ocurrieron en toda mi estadía en el hospital (cirugía - coma - pos). Intentaré mencionarlos pero siendo lo más descriptivo posible (yo entiendo las razones de cada cosa - me las han explicado y también he ido investigación por mi parte - pero no soy un experto en el área y no quiero informar arriesgándome al error). Si sabes explicarlo, con gusto puedes hacerlo en los comentarios (pastelero a tus pasteles, como diríamos en Chile).
Desperté con una impronta de mucha delgadez y muy bajo porcentaje muscular. De hecho, perdí mucha sangre.
No podía mover ningún músculo de mi cuerpo.
Olvidé caminar y, también, todo lo que tenga que ver con movimiento.
Problemas de memoria, retención, concentración y de conexión entre mi mente - mi cuerpo y mi espíritu. Además olvidé gran parte del español y del inglés.
Una parálisis facial severa y una nula lubricación de mi ojo (casi pierdo la vista); ambas afecciones en la zona izquierda .
Perdí la audición izquierda (cien por ciento).
Adquirí una ataxia, también en todo mi lado izquierdo del cuerpo (escribí un artículo el año pasado sobre ella - te invito a que la leas y comentes-). Básicamente, es un daño en el cerebelo que no me permite un natural balance.
Tuve que volver a aprender a escribir y a digitar.
No siento temperatura en todo el lado derecho de mi cuerpo.
Me hicieron una traqueotomía, por una neumonía intrahospitalaria que tuve. Por ende, perdí la habilidad de respirar, comer (tragar) y hablar.
Tuve COVID nuevamente pero fue asintomático, para mi fortuna.
De seguro tuve muchas otras cosas que se me van olvidando y que caigo en cuenta después. Hay muchas que son consecuencias de las que he ido mencionando.
Los doctores no le daban esperanza a mis padres. Incluso, el no volver a caminar o hablar era una gran posibilidad. Ellos nunca me quisieron decir, hasta hace un par de años atrás…
Empecé con terapias apenas pude. Terapias físicas, ocupacionales y de habla.
Mi gran desafío era salir del hospital. Entregué todo en cada terapia, hasta los doctores estaban asombrados.
Nunca cuestioné mi situación, pero sí me desesperaba no hacer ni lo más básico. Me costó mucho tiempo aceptar todo.
Son muchas cosas…
Un abrazo,
Paul.-
¡Gracias por interesarte en mi historia! No olvides leer la siguiente entrega. Tampoco pierdas de vista que cada viernes saco una nueva reflexión.
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Siempre disfruto mucho leyendo tu viaje Paul y también aprendo de tu experiencia y de cómo la fuiste gestionando y superando.
Y respecto a ese libro que tienes en mente, te animo a hacerlo. Me parece una excelente idea y una gran oportunidad para dar a conocer todo tu proceso y ayudar así a otras personas que puedan estar en una situación similar.
Un abrazo amigo querido
Qué análisis tan bueno haces sobre ese despertar y la reconstrucción total de uno mismo porque al final entender que la segunda vida es un desafío de integración entre mente y cuerpo es un acto de soberanía biográfica fundamental. Me encanta la forma de ver las cosas que mantienes al describir ese silencio interior profundo donde solo tú y tu fe habitaban ya que demuestra una autonomía psicológica muy potente para no rendirse cuando el diagnóstico se salía de cualquier plan humano y los médicos daban noticias tan poco empáticas.
Dices algo fundamental sobre cómo entregaste todo en cada terapia para concretar tu salida del hospital porque al final el vigor y la independencia de salud nacen precisamente de ese esfuerzo consciente por recuperar cada función perdida desde la respiración hasta el habla. En Salud Leona defendemos que la autonomía de movilidad y psicológica futura se construye en esa resiliencia diaria pues volver a aprender a caminar o a tragar es lo que nos devuelve el rastro de nuestra verdadera fuerza frente a las distorsiones de la incertidumbre médica. Te animo de verdad a que te unas a nuestra manada suscribiéndote porque tu historia de superación tras el coma es el tipo de energía que celebramos para entender que siempre es posible recuperar el control de nuestra biología incluso cuando partimos de cero.
He escrito algo para celebrar que ya somos 400 en la manada pero en realidad es un manifiesto sobre tu lugar y la necesidad de que tu proceso de sanación sea siempre un territorio soberano donde cada pequeño avance sea una victoria tuya. Te lo paso porque creo que tu punto de inflexión tiene mucho que ver con el ritual de soberanía que comentamos para que tu nueva vida sea el reflejo de tu inquebrantable voluntad:
https://substack.com/@saludleona/note/c-246785032?r=go5vc&utm_source=notes-share-action&utm_medium=web
Me encantaría que me enviaras ese artículo sobre la ataxia que comentas para leerlo con calma y aplicar esa visión de biología aplicada que tanto nos gusta para concretar cómo el cerebro se reorganiza tras un daño así. Al final cuidar a la leona es asegurar que su conexión entre mente cuerpo y espíritu sea cada día más firme. ¿Crees que esa falta de empatía inicial de los equipos médicos es en realidad la mayor distorsión que nos impide concretar una verdadera independencia de salud y esperanza durante los procesos críticos?
Seguimos. 🦁🔥